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Hola a toda mi querida bandita. En capítulos anteriores había prometido la crónica de la boda de mi amigo P-chan, ya que antes de ese suceso había estado hablando del tema como enferma, de hecho, creo que pasará a formar parte de los archivos importantes de mi vida por las condiciones excepcionales en las que se desarrollaron los hechos. Todo comenzó el día 5 de abril por la mañana. Me levanté temprano para ir a mi clase de aikido (cosa que al parecer no volverá a suceder porque creo que lo dejaré), llegué a la casa y apenas me dio tiempo de bañarme y cambiarme, cuando de repente ya estaba ahí Silvana y yo estaba lejos de estar lista, afortunadamente para mí a Elisa se le hizo tarde… por culpa de unas copas que me prestaría para que mi vestido no se viera tan triste (por cierto ni me quedaron, estaban muy grandes) … ustedes saben… la vanidad ante todo en esos eventos, es la razón por la que terminé con dos vestidos (bara bara!!!!). La tensión me llevó a hacer mi tradicional berrinche pre-fiesta en el cual inevitablemente termino peleada con mi santa madre, y siempre es por la misma razón: el cabello, y los peinados de peluquería ochentera que a ella le gustan, así como los clásicos traumas adolescentes que me perseguirán hasta el final de los tiempos (siempre me siento la reencarnación en vida de Jojojorge Falcón), lo siento por Sil, que termina presenciándolo todo. El amable Gerardo San nos hizo favor de llevarnos a la iglesia en su camioneta, y que dios lo bendiga por que con los nervios de la vida estaba del diablo. Ustedes dirán “Hay razón para ponerse tan punk? Es solo una boda!” pero para cada una de las tradicionales asistentes había un motivo de temerse y con cada una de ellas hablé antes del evento, y a pesar de mi propia preocupación tenía la sensación de que debíamos ir así la pasáramos del cocol, incluso si no es propio de mi proponer esas cosas. “Doña gata casera” y su miedo al rechazo del tocino y las carnes rojas, “la princesa pucheritos” y “topita crispada” y los conflictos de la existencia elevados a la “x” potencia, y por supuesto yo “guajolota vengadora” (no más imagínense) en busca de respuestas a preguntas que nadie formuló y que ya no le importan a nadie, todas unidas por una causa y una extraña necedad. En fin, continuamos el viaje para encontrar la iglesia (que al final estuvo frente a nosotros todo el tiempo) y llegamos como es la sana costumbre a media misa y nos sentamos del lado de la novia… chin!. Del otro lado estaba nuestra bandita pero ni pez …amachinamos… bueno más o menos. En medio de la nada llegó Eva con cara de “me lleva” ya que también se perdió, Silvana fue al rescate mientras me quedé entre Mandy y Elisa (quienes por cierto se aman!!!) entre el reclamo de Mandy por la invitación y un brócoli que se mordía el puño para no soltar la chillotada. Al terminar la misa llegó el momento especial del rencuentro con la banda… mi momento de la verdad, pero no pasó a mayores, todo fue diplomático y como no lo sería si al final del día el punto no era la bronca de ninguna, sino la boda del Chan, así que no debí ponerme tan mal supongo. Pero de todas maneras fue un Shock verlos a todos en un mismo lugar Andrés y Gaby, la Señora Ceci y su familia, Blanquita y su novio, Fer, Huevito, Amaranta, por dios! Juanito Frijoles!!!! . De regreso Elisa y yo nos híper ventilábamos en el taxi luego de la experiencia (fuimos valientes porque no teníamos bolsa de pan), y en medio de nuestra histeria, recibí una llamada del Cel de Jorge, y era Andrés para darles una invitación a Mandy y Elisa, le expliqué que Elisa tenía mi boleto y que Mandy se había marchado ya (por no hacer más énfasis en lo extraño del hecho, o nuestra previa conversación con la señora Ceci). Cuando llegamos a un punto crítico en nuestra conversación Elisa entró en pánico y casi la golpeo. CONTINÚA EN LA ENTRADA ANTERIOR
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